Ilustración inspirada en la Rama dorada de J.G Frazer
"En ese bosque sagrado había un árbol alrededor del cual rondaba una figura siniestra durante todo el día y probablemente también hasta altas horas de la noche.
Empuñaba su arma y miraba cautelosamente a su alrededor como si esperase a
cada instante el ataque de un enemigo. Era, al mismo tiempo, sacerdote y asesino, y tarde o
temprano alguien llegaría para matarlo y ocupar su puesto sacerdotal. Tal era la norma del
santuario. Sólo podía ocuparse el puesto dando muerte al sacerdote para reemplazarlo, hasta
ser asesinado a la vez por alguien más fuerte o más hábil.
El puesto, obtenido de modo tan precario, confería el título del rey, pero seguramente ningún
rey descansó menos que éste ni sufrió pesadillas tan terribles. Año tras año, en verano y en
invierno, con buen o mal tiempo, debía mantener su guardia solitaria, tratando de no dormirse
por el riesgo que ello implicaba para su vida. La menor desatención de su vigilancia, la más
pequeña disminución de sus fuerzas o de su destreza lo ponían en peligro, las primeras canas
sellaban su sentencia de muerte."

No hay comentarios:
Publicar un comentario